La ruta del suicidio

Durante años se ha sostenido la discusión si la opción del suicidio es en realidad un acto de valentía o de cobardía. Hay argumentos
en ambas direcciones, quitarse la vida no es cosa fácil. En muchas ocasiones el suicida elabora un plan detallado y en el último momento se debe vencer el instinto de conservación de la vida para lograr su propósito. Tal vez esta discusión no llegue a tener fin, sin embargo lo que sí sabemos es que la ruta del suicidio es una ruta de escape.

Por otro lado, también es cierto que el suicidio en muchas ocasiones conlleva una intención de venganza para hacer sentir mal aquellos que en la percepción del que se quita la vida no le dieron el apoyo, el amor, la comprensión, la aceptación o la ayuda que el suicida estaba buscando o esperando de ellos. Debemos mencionar dos cosas que son fundamentales para entender el suicidio y sobre todo, estar mejor preparados como padres para prevenirlo. La primera es que la situación insoportable que lleva a la decisión del suicidio no tiene que serlo realmente. Basta que sea “insoportable” ante los ojos de quien lo vive. Lo que nosotros vemos no siempre coincide con lo que nuestros hijos están viviendo. Desde el famoso bullying hasta situaciones de abuso infantil pasan muchas veces desapercibidas. O bien… las interpretamos desde nuestra realidad y las descartamos como insignificantes, “no es para tanto” decimos.

Tal vez no lo sea para usted, lo importante es averiguar que si lo es para su hijo. Las decepciones amorosas son otro ejemplo de estas situaciones. El segundo punto a resaltar es la falta de apoyo que el suicida puede percibir. Una vez más, la percepción lo es todo. La percepción depende de la ideología, de las creencias y de la historia personal, entre otras cosas. Un error frecuente en cuanto a la relación con los hijos es “comparar” lo que les damos o hacemos por ellos con lo que nos dieron o hicieron por nosotros nuestros padres, es más, con frecuencia se los compartimos a nuestros hijos con jactancia: “ya hubiera yo querido tener esto”, “a mí nunca me dieron permiso de tal cosa”, etc.

El reto aquí, es entrar en el mundo de nuestros hijos y conocer cómo “se ven las cosas” desde ahí. La comunicación es una calle de dos
sentidos. La mayoría de los padres ponemos énfasis en que nuestros hijos nos escuchen, sin embargo, deberíamos poner la misma
voluntad en saber lo que nuestros hijos piensan y sienten que la que ponemos en “dejarles claro” que queremos o esperamos de ellos.

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